Fragmentos de texto aislados no publicados en la edición impresa
1
El objetivo esencial de este libro ha sido intentar comprimir en una lectura larga, pero completa, el viaje intelectual que me ha llevado casi veinte años. Si el lector no se deja despistar demasiado puede completarlo en seis meses, un año como mucho a medio despiste. Pero hay que llegar hasta el final. Para darnos cuenta del limitado número de opciones que quedan a nuestra disposición como civilización completa.
2
Este no es un libro en el que el autor tuviera una tesis y escribiera para justificarla. La tesis de este libro, su última parte, se ha ido construyendo a medida que avanzaba sin otra base que algunas intuiciones previas. Lo que había comenzado queriendo ser un análisis de la crisis ecológica en clave civilizatoria ha ido deviniendo, a lo largo del proceso de elaboración, en un análisis de la crisis civilizatoria en clave ecológica y filosófica y una propuesta de actuación en esta misma —e imprescindible— clave. Ello ha obligado a ampliar todavía más el círculo de conocimiento a abarcar, lo que a su vez ha permitido profundizar más en la tesis.
2
Una leyenda urbana (así calificada porque se desconoce el nombre del protagonista) cuenta que, en la primera reunión del IPCC en 1988, un sabio japonés expresó que ya no era necesario un panel para el cambio climático, porque los climatólogos ya habían hecho su trabajo. Habían medido un efecto indeseable e identificado la causa: las emisiones de GEI. Que quienes deberían reunirse en un panel de ese tipo eran los ingenieros, para reducirlas. Pero al constatar que es muy caro, acudirán a los economistas quienes, tras constituir un panel, se encontrarán con que en la vigente estructura social poco se puede hacer para abaratar el proceso. Reunidos los sociólogos en su panel correspondiente convendrán en que, con los valores y principios que alberga la sociedad, poco se puede hacer. Y llamarán a los filósofos, para que nos digan qué valores debemos priorizar y cuáles abandonar. La leyenda se detiene aquí[i]. Sin haber conocido esta narración hasta muchos años después, me doy cuenta de que ese ha sido el recorrido de mi viaje intelectual. Con idas y venidas, retrocesos y algunas confusiones.
4
Una nota sobre el concepto de naturaleza. En su última obra de 2022 Simbioética Jorge Riechmann efectúa diversas reflexiones acerca del concepto de naturaleza a propósito de algunos sonámbulos que llegar al extremo de afirmar que no existe. En lo que a este libro concierne, entenderemos la naturaleza como el conjunto de objetos y procesos del mundo físico y biológico en todas sus propiedades, atributos, condiciones, relaciones y significados, entendiendo estos últimos tanto en sentido inmanente como trascendente. Cualquiera de los dos, o los dos a la vez. Con todo, ocasionalmente la palabra naturaleza se referirá exclusivamente a la geobiosfera, lo que se conoce popularmente como el mundo natural. El contexto definirá el aspecto concreto al que se refiere, pudiendo alcanzar a uno, a más de uno o a todos ellos. Estimo que el lector podrá decidir fácilmente en cada caso.
5
Y por tanto yo pido perdón por haber creído y promocionado un progreso mal definido y no haber atendido a los costes diferidos de todo ello, costes que ahora se nos revelan tanto irreversibles como inasumibles. Y acuso a Pínkeres, Nordhauses y compañía de seguir ocultándonos la realidad deliberadamente, dolosamente. Porque ellos saben perfectamente lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir más pronto que tarde. Nos siguen engañando, y ya lo hacen a sabiendas (cap. 13).
6
Teníamos la obligación de saberlo. No lo sabíamos propiamente nosotros porque estábamos deslumbrados por el progreso (tecnológico), desinformados y contrainformados. Quienes lo sabían y tenían poder de actuación, esos que estaban puntual y correctamente informados, tenían la obligación de haber hecho algo para evitarlo. Pero no hicieron nada, nada en absoluto, y siguen sin hacer nada relevante. Solo más de lo mismo. Hace de esto más de cincuenta, setenta años. Decidieron primero ocultarlo y, a partir de los años ochenta, confundirnos a todos. Y así estamos, dándonos cuenta de que algo muy fundamental está fallando. Que estamos todos amenazados, pero sin saber exactamente hacia dónde mirar, qué hacer ni por dónde escapar. Este libro pretende ser una contribución que permita debatir y dilucidar estas cuestiones.
[i] Carmen Pérez-Lanzac – Cambio climático: ¿la nueva religión? – El País, 14/02/2008 – https://elpais.com/diario/2008/02/14/sociedad/1202943601_850215.html
“Los científicos hemos constatado que existe un problema de emisiones, pero no lo podemos resolver. Puesto que el CO2 lo producen las máquinas, tendremos que llamar a los ingenieros. Estos, a su vez, dirán que existe la tecnología necesaria para solucionar el problema, pero que cuesta dinero, así que se llamará a los economistas. Los economistas harán sus cálculos y dirán que, para conseguirlo, habrá que cambiar nuestro actual modelo social basado en el transporte, el derroche energético… así que se llamará a los sociólogos. Éstos, a su vez, dirán que es un problema de escala de valores que ellos no pueden resolver, así que se acudirá a los filósofos para que nos digan qué valores deberíamos poner nuestro empeño e interés. Muchos de los puntos que anunciaba este anciano sabio se han ido cumpliendo … Puede que le esté llegando al turno a los cuestionamientos filosóficos, y de ahí que ecología y espiritualidad parezcan ahora más cerca que nunca.”